12 de julio de 2011

La importancia de llamarse Lucila Frend

Por eso te vas,
y hay algo de bueno en tus ojos
sin querer
Luis Alberto Spinetta, Laura va

Hoy vi la noticia de que Lucila Frend fue declarada inocente y tuve una sensación agridulce, se me mezclaron los sentimientos. Por un lado, me puse eufórico porque yo creía en su inocencia. Pero mi tristeza fue honda cuando la escuché declarar, luego de abrazarse con sus seres queridos, lo siguiente: “Me voy a ir del país”, dijo Lucila Frend. Silencio en mi mente, furia en mi corazón. “Todo por llamarse así”, pensé luego, frente al teclado. Por la importancia de llamarse así.

26 de mayo de 2011

Un sentimiento triste que se escribe

Es probable que el tango, como cualquier música, primero entre por los oídos, nunca por los ojos sordos. Sin embargo, a mí me gusta googlear las letras de tango y leerlas así nomás, peladas, sin orquesta de fondo. Quiero ver si se la bancan solitas. Aquí va, entonces, un intento de análisis de algunas letras de tango que me llamaron la atención alguna vez.

27 de abril de 2011

El fabricante de mentiras y el Refutador de Leyendas

Ayer leía una discusión en el foro de La Nación Online sobre Alejandro Dolina. Eran los comentarios a una nota de Rolando Hanglin en la que citaba a Dolina y hablaba bien de él. "Filósofo porteño", osó decir Hanglin, y entonces se desató el huracán. Los Refutadores de Leyendas salieron al cruce.

16 de marzo de 2011

El dedo meñique de Chopin

Siempre pensé que la música es algo superior a la literatura, las letras, el lenguaje. Le pasa el trapo, admitámoslo. Y arranquemos de cero. Todos los literatos del mundo no alcanzan a llenar la cancha de Ferro. Hay más ricoteros argentinos que literatos de los siete mares. Aun así muchos seguimos leyendo y escribiendo, y una buena idea es, entonces, escribir lo más parecido que se pueda a un tema de Piazzolla, por ejemplo. Hacer de una birome, aunque sea, el dedo meñique de Chopin.

4 de enero de 2011

La muerte en Ostende

A veces creo que contar algo que nos pasó es como ordenar la casa para cuando vienen visitas. De repente caen nuestros tíos del interior y mamá se pone como loca, quiere que ordenemos. Uno tiene todo despelotado: entonces hay que ordenar, hay que mentir. Del mismo modo, alguien nos va a escuchar o a leer, pero nuestro pasado es una montaña de calzoncillos y medias sucias: hay que ordenar, hay que mentir. En realidad, mamá y nuestros tíos visitantes nos están pidiendo belleza. El que escucha nuestra historia también. ¡Belleza, nene! Por eso es que, desde que soy escritor, también soy una excelente ama de casa.

1 de enero de 2011

Mamá, papá... soy uruguayo

Todo argentino tiene la costumbre de admirar irracionalmente a otro pais. No sé qué nos pasa. Parecería que no nos bastara con el nuestro. Así, tenemos argentinos afrancesados (a patadas), pro-yanquis, cubanoides o fanáticos del sushi japonés. Siempre tenemos largas colas en las embajadas y consulados, incluso en épocas de vacas gordas. Bueno, como yo también soy argentino, no puedo ser la excepción. Y a mí me pasa con Uruguay.

14 de noviembre de 2010

Un tango al mango

Transcribiré una carta perteneciente a Astor Garbanzo, un bandoneonista uruguayo que, se comenta, sólo una vez cambió las notas por las palabras. 

6 de noviembre de 2010

El Führer y el carcelero bonachón

Esta noche no me importó la vida adulta, hoy no soñé que me compraba una casa de cuatro ambientes con vista al mar. Hoy soñé con un jugador de River: Funes Mori. Ni siquiera con el Enzo o con el Burrito. No. El sueño justiciero, ese gran demócrata, ese abanderado de la igualdad, una vez más volvió a copar la parada.

23 de octubre de 2010

La mensajera diabólica

Una palabra es como un mensajero. Cual paloma adiestrada, su misión es llevarnos un mensaje que un tipo confiado nos transmite. (Para esto, claro, el remitente necesita confiar en el mensajero). Sin embargo, hubo un día en que las palabras enloquecieron, se sublevaron: dejaron de contar lo que sus crédulos remitentes les ordenaban.

7 de octubre de 2010

Federico, Maradona, mis putas tristes

Hace un tiempo que sé la más profunda de las verdades: existen dos cosas infinitamente más nobles que cualquier oración hecha de palabras. Una de esas cosas también es oración, pero de ingleses: el segundo gol de Maradona a Inglaterra. La otra es un tipo más de oración, pero esta vez de notas: la música. Yo no entendía nada de la vida hasta que Federico, mi compañero de trabajo, me explicó su teoría de las oraciones.

23 de septiembre de 2010

Pollericidio

Una historia en la que una pollera fuese la protagonista. Ese hombre atormentado se había enamorado de una pollera. Eso fue lo que entendí. Nunca decidí si los hechos que me contó eran reales o no. Nunca supe, para ser más exacto, si el engaño me lo hacía a mí o a sí mismo. Pero la tardecita se prestaba para una historia de polleras: era verano y estábamos en Gesell. Para colmo, el viento no molestaba. ¿Cómo no lo iba a escuchar?

11 de septiembre de 2010

El loco anfibio

Con mi amigo Diego, filósofo marca Puán, tenemos la teoría de que hay más locos de lo que uno cree. A simple vista, parecería que la mayoría de los hombres está en su sano juicio, insoportablemente en su sano juicio. Sin embargo, hagan la prueba de observar la realidad. Después de leer este estudio, empezarán a encontrar locos allí donde antes sólo veían abogados y peluqueros de salón. Verán qué mundo de locos es este. Verán que los cuerdos somos, en realidad, una secta anacrónica, unos nostálgicos de un tiempo que nunca vivimos, que en verdad nunca ocurrió.

4 de septiembre de 2010

La fiesta, la chispa

No escribo porque me agobien fantasmas o porque me sienta dentro de un túnel. No soy ese que escribe desesperadamente en su trabajo, incomprendido, sin que nadie lo vea. Tampoco soy ese que encabeza resistencias o escribe heroicamente contra dictadores fascistas. Nunca fui un poeta maldito. Y sin embargo, abcdefg… escribo.

31 de agosto de 2010

Otra de amigos

Pablo y Oscar son dos amigos que, a simple vista, parecen carne y uña. Pero la psicología masculina, señoras mías, suele ser infinitamente más complicada de lo que hasta ahora se ha sospechado. A continuación, veremos cómo una simple charla telefónica es capaz de mostrarnos hasta qué punto dos simples varones, Pablo y Oscarcito, son en el fondo como el agua y el aceite. La incomunicación entre amigos, ¿un flagelo que no para de crecer?

23 de agosto de 2010

El tachero de Canal Encuentro

Yo solía ser un tipo simple, normal. Veía fútbol y me calentaba con el referí cuando no cobraba orsai. Me reía mucho, a solas o con amigos, de la palabra “teta”. Me quejaba de la humedad con las vecinas que baldeaban las veredas. Por supuesto, celaba a mi novia constantemente. Sin embargo, con el tiempo me convertí en un intelectual, un bicho raro, un boludo importante.